Para superar cualquier obstáculo… busca un Coach

Ninguna Universidad en el mundo ofrece una licenciatura denominada: Como ser dueño de tu propio Negocio, sin embargo contar con conocimientos de diferentes áreas como administración, mercadotecnia, finanzas y ventas ayuda a llevar a cabo las principales actividades al interior de la empresa, sin embargo al final de las actividades diarias se afrontan situaciones para las que no siempre se está preparado. La rutina diaria provoca dejar pasar por desapercibido errores comunes con lo que se forman áreas de oportunidad cada vez más amplias y con mayor peso dentro de las actividades de la compañía, cayendo de manera regular en un área de confort que le impide visualizar la necesidad de una ayuda profesional con un enfoque  satelital.

La palabra Coach, es de origen húngaro, se denomina así a un vehículo tirado por animales para transportar personas, considerándolo una metáfora, el Coaching transporta personas de un estado a otro. Esta área del conocimiento recibe contribuciones de la filosofía, la psicología, la programación neurolingüística, por mencionar algunas. Tiene como sistemática  una conversación donde el Coach realiza diferentes preguntas con las cuales el Coachee, baja a un nivel de consciencia distinto lo que le permitirá identificar una serie de situaciones que le permitirán resolver la problemática a la que se enfrenta. El Coaching,  cada vez toma mayor impulso dentro de las organizaciones al ser utilizado como un proceso interactivo que se fundamenta en el aprendizaje, un aprendizaje a la medida de cada Coachee, con esto se proporciona ayuda las personas y a la organización mediante un desarrollo más rápido pero sobre todo tangibles con lo que se obtienen resultados más satisfactorios.

Encuestas realizadas, muestran que 4 de cada 5 ejecutivos de empresas globales tienen un Coach personal que cuida de su desempeño de forma integral, que el principal motivo para el cual solicitan el apoyo, es para fortalecer competencias especificas en los ejecutivos que desempeñan un rol clave en los estratos más altos de la organización. Las competencias más citadas son;

  • Mejorar las relaciones personales y estilo de interactuar
  • Perfeccionar su comunicación
  • Escuchar activamente
  • Elevar la inteligencia emocional
  • Fortalecer su manejo de transiciones
  • Facilitar la asunción de nuevo roles
  • Desarrollar la planeación efectiva
  • Mejorar el liderazgo ejecutivo y no jerárquico
  • MEJORAR LA EFICACIA Y EFICIENCIA

El proceso del Coaching es paulatino pero se lleva a cabo día a día, con un crecimiento continuo porque siempre hay nuevos conocimientos y un nivel más bajo de conciencia al que se puede acceder con lo que se puede diseñar nuevas estrategias. Un Coach te mostrará un abanico de posibilidades y orientará a su Coachee para que tome la que realmente quiere, pero sobre todo la que más le conviene.

Dice Leonardo Wolf que el Coaching es el arte de soplar las brazas, no se puede obtener lo que no se sabe que se tiene. Mediante el Coaching se despierta el potencial que todos tienen pero que no todos saben que existe, desde las principales aristas de la vida como lo es la personal y la profesional.

 

Coanching u tus pensamientos

COACHING Y TUS PENSAMIENTOS

Al inicio de mi actividad como coach para la pequeña y mediana empresa (PyME), hace ya casi un par de años, me contrató una compañía para llevar a cabo un servicio de consultoría y coaching. Se trataba de una escuela de formación que pretendía incrementar las ventas y obtener más rentabilidad a la escuela debido a que empezaba a debilitarse en algunos aspectos económicos.

Habíamos acordado unas sesiones de un par de horas, dos veces por semana y durante algunos meses. Pronto me di cuenta de lo siguiente: cuando coincidíamos, las sesiones no eran tan productivas como yo deseaba. El tiempo pasaba volando y pronto era ya la hora de irme.

De regreso un día a mi casa, mientras viajaba en el tren, me pregunté: ¿qué realmente está sucediendo en las sesiones? ¿Por qué tengo esta sensación de que no estoy realizando correctamente mi trabajo?

Repasé mis notas y descubrí que muchas veces los compromisos a los que llegábamos eran escasos. Nos costaba centrarnos en los temas a tratar y saltábamos de uno a otro de forma constante. “Ricardo”, el gerente de la empresa, tenía la costumbre de hablarme constantemente de su pasión, la influencia de las filosofías orientales en el mundo occidental, y eso restaba siempre tiempo a nuestras sesiones.

Entonces llegó mi dilema: ¿cómo puedo decirle a “Ricardo” que su tema favorito nos estaba impidiendo trabajar según lo acordado, de tal forma que no se sintiera molesto por ello?

Llegó de nuevo el día de la sesión. Como todas las tardes en que nos reuníamos, nos encontramos en su despacho. Empezamos a tratar los temas que habían quedado pendientes en la última sesión. Al cabo de unos minutos, “Ricardo” empezó a hablar de aquellos temas. Otras veces, habría intentado encaminarlo hacia el contenido de las sesiones, pero esta vez decidí no hacerlo. Me callé y simplemente escuché. ¡Así habló durante casi más de una hora!

Durante el proceso, yo me sentía culpable. No obstante, creía que era necesario en cierta manera llevar al límite la situación. Curiosamente, durante esa conversación me comentaba que “a veces sentía que las otras personas no le escuchaban”, que “no mostraban interés por sus temas”…

Finalmente, llegó el momento de terminar la sesión, así que le dije asertivamente lo siguiente: “Ricardo, siento interrumpirte, pero me tengo que ir. Por cierto, ¿qué puntos tenemos que tratar la semana que viene?” “Ricardo” se quedó entonces muy serio; tras un largo silencio, me dijo: “Silvia, me acabo de dar cuenta que he estado hablando todo el rato de otros temas, excepto de lo que teníamos que hablar. Lo siento….”

“Ricardo”, le contesté: “tú me has contratado con una serie de objetivos y esperas una colaboración de mi parte. Recuerda que no puedo responsabilizarme yo sola de este proceso, necesito también tu compromiso. Además, me gustaría que para el próximo día pienses en lo siguiente: son varias las veces que me has comentado que los demás no te escuchan, pero ¿qué piensan los demás acerca de tus temas?”. “No lo sé, respondió Ricardo. Quizás yo tampoco los escucho cuando ellos hablan ….”

Bueno, ahora me encantaría deciros, queridos lectores, que desde entonces “Ricardo” se centra únicamente en los temas por tratar en cada sesión y que habla menos y escucha más. Pero lo cierto es que las actitudes no cambian de un día para otro; necesitan un proceso, para unos más y para otros menos. ¿En qué ha cambiado entonces la situación? Ahora es más consciente de lo que pasa y sólo con un gesto, una mirada o una indicación se concentra rápidamente en el tema de interés y me da la libertad de poder ir corrigiendo dicha situación, sin que ninguno de los dos nos sintamos incómodos. Ahora es más fácil establecer y rectificar objetivos, así como establecer compromisos para las próximas sesiones.

¿Cuáles son aquellas actitudes de vuestros clientes que os gustaría cambiar para poder realizar mejor vuestro trabajo? ¿Cómo han pensado cambiarlas?

No existe ninguna fórmula mágica para el cambio de actitudes. Es importante reconocer qué es lo que está pasando, escuchar, observar y entonces decidir cómo vamos a actuar. No siempre se obtendrán resultados garantizados, así que siempre cabe el riesgo de no obtener lo que esperábamos. De cualquier forma, resulta imposible aquello que no se intenta. Siempre estamos a tiempo para rectificar.

Eficiencia y eficacia, una competencia emocional

Tom Peters, uno de los intelectuales de la gerencia y los negocios más reconocidos a nivel mundial, y autor de “En Busca de la Excelencia”, considerado como uno de los grandes libros de la literatura gerencial de todos los tiempos, escribió: «En el caso de que tenga usted quince años, deje de burlarse de los “tontos” de su clase… porque ¡llegará un día en que tendrá que trabajar para ellos!».

EFICIENCIA Y EFICACIA , UNA COMPETENCIA EMOCIONAL

La práctica totalidad de las investigaciones de los últimos veinte años concluyen, que la excelente evaluación académica de una persona no dice absolutamente nada del modo en que esa persona reaccionará ante las dificultades en su vida, resultando que de una excelente evaluación académica, únicamente se puede colegir que una persona es excelente resolviendo pruebas de evaluación académica. Y no sólo eso, sino que la mayor parte de personas con un cociente intelectual alto, terminan trabajando como subordinados de gente peor dotada intelectualmente, ya que es muy bajo el porcentaje de éxito atribuible al cociente intelectual de la persona exitosa, en cualquiera de los ámbitos en el que la contemplemos: trabajo, pareja, familia… etc.

Sin embargo, en el contexto en el que habitualmente se desenvuelven y desarrollan las personas, básicamente de intercambio y participación, una serie de competencias emocionales, si son significativas e incluso determinantes en el éxito y la eficiencia, ya que enfrentar situaciones, o situarse ante el entorno con eficiencia y obtener resultados exitosos, no depende del exhaustivo conocimiento analítico del mismo, sino de la capacidad operativa de actuar sobre él, y en este sentido las emociones si juegan un papel concluyente de éxito o de fracaso.

Desde mediados de los ochenta, H. Gardner, desarrolla la idea de que el hombre no posee un solo tipo de inteligencia, y en este sentido, gran parte de los autores se han puesto de acuerdo en diferenciar dos tipos de inteligencia emocional: la intrapersonal y la interpersonal. El propio Gardner, define la inteligencia intrapersonal como «la capacidad de establecer contacto con los propios sentimientos, discernir entre ellos y aprovechar este conocimiento para orientar nuestra conducta», y la inteligencia interpersonal como «la capacidad de discernir y responder apropiadamente a los estados de ánimo, temperamentos, motivaciones y deseos de las demás personas», algo que no parece fácil de adquirir únicamente estudiando.

En el mundo de la empresa, estas conclusiones han tenido un fuerte impacto, ya que la forma tradicional de contratación, fundamentada únicamente en la brillantez de un currículum, está cediendo terreno a una concepción más amplia y abierta, que plantea la necesidad de dar un salto cualitativo hacia la incorporación de profesionales abiertos al trabajo en equipo, capaces de tolerar el malestar y la frustración, y abiertos a la búsqueda constante de soluciones a los retos que plantea el mercado. Se plantea la necesidad de un nuevo diseño de las empresas y de la redefinición del pensamiento de negocios, en torno a algunos de sus temas fundamentales: el liderazgo, la formación, las relaciones con el cliente, el modo de crear valor, el papel de la mujer o la capacidad de redefinir constantemente el objeto de trabajo.

De modo que la competencia intelectual no dice prácticamente nada en el pronóstico de la eficiencia personal y profesional, ya que éstas tienen más que ver con las competencias emocionales, que determinan el grado de habilidad en el manejo del resto de facultades y potencialidades, incluido por cierto, el intelecto.

Después de conocer la diferenciación de mentes, que en 1995 señaló D. Goleman: una mente que piensa y otra mente que siente, y tras lo concluyente de todos los estudios posteriores, parece evidente que “la mente que siente” es algo a tener en cuenta a la hora de interpretar el éxito de las trayectorias vitales, o de diseñar procesos de formación de personas. En este sentido L. E. Shapiro en su obra «La inteligencia emocional de los niños» escribe que «en forma paradójica, mientras que cada generación de niños parece volverse más inteligente, sus capacidades emocionales y sociales parecen estar disminuyendo vertiginosamente».

Concluyendo, diremos que una persona cuanto más desarrollada emocionalmente sea, más disfrutará de una situación ventajosa en cualquiera de los ámbitos en los que se enfrente, más tenderá a sentirse satisfecha y será más eficiente por ser capaz de gestionar los hábitos mentales que determinan su éxito.

Confianza ,cambia la manera de ver las cosas y las cosas empezaran a cambiar

Vivir en estado de víctima nos atrasa. Mientras nos lamentamos, no vemos alternativas y mucho menos logramos avanzar.

Convierte tu dolor en valor, porque el valor cambia la visión de la vida y aunque nada cambie, si yo cambio, todo cambia.

Cree que lo puedes lograr, aunque otros no lo crean. Muchos te van a decir que no puedes, pero tú escoges creerlo. Existen muchos pesimistas que son estranguladores de tus sueños, son especialistas diciendo: “Jamás, nunca, imposible”. ¡Levántate, cree, camina y lánzate a golpear la roca. Sólo así sabrás cuánta agua sale de ella. ¡Aunque otros no crean, si tú crees, es suficiente!

En una ocasión se encontraban diferentes partes del cuerpo dialogando. De repente, los ojos dijeron: “Hemos visto una montaña”. La nariz, que estaba escuchando, dijo que los ojos estaban locos porque ella no había olido ninguna montaña. Se unió la boca, diciendo: “Yo tampoco he probado la montaña”. Entonces los oídos repitieron: “Nosotros no hemos escuchado la montaña” y las manos comentaron: “Nosotras no hemos tocado esa montaña”. De repente, hubo un silencio en todo el cuerpo y de inmediato los pies comenzaron a saltar y dijeron: “Nosotros queremos decir algo. ¡Si no hubiera sido por los ojos, nunca hubiéramos llegado hasta la mon-taña!”

Cree aunque otros no crean, porque nadir puede quitarte la fe.

Recuerda: Una persona con ideas es fuerte, pero una persona con ideales es invencible.