Las tres dimensiones de la empatía que todo alto directivo debería dominar para comunicar con eficacia.

En una entrada reciente, nuestro compañero Israel Mañas nos habló de la importancia de la comunicación consciente. El mindfulness nos ayuda a gestionar nuestra atención y a enfocarla. Existen muchos tipos de atención y muchos lugares donde concentrarla.

Daniel Goleman es un reconocido experto en el campo de la atención. En su libro Focus: desarrollar la atención para alcanzar la excelencia, Goleman agrupa estos modos de atención en tres amplias categorías: foco en uno mismo, foco en los demás y foco en el mundo externo. Para obtener buenos resultados, los líderes necesitan desarrollar estos tres tipos de foco:

  • El foco interno te ayuda a conectar con tus intuiciones y los valores que te guían, favoreciendo el proceso de toma de decisiones. El líder desconectado de su mundo interno carece de timón.
  • El foco externo te ayuda a navegar por el mundo que te rodea. El líder indiferente a los sistemas mayores en los que se mueve está perdido.
  • El foco en los demás mejora tu vida de relación. El líder inconsciente ante el mundo interpersonal camina ciego.

En este artículo quiero centrarme en este último foco, por su importancia capital para una comunicación eficaz.

La tríada de la empatía

Un atributo fundamental de la comunicación para el liderazgo es la empatía. Goleman profundiza en este concepto proponiendo tres dime nsiones de la empatía o tres maneras diferentes de sentir los sentimientos del otro:

  • Empatía cognitiva: Nos permite asumir la perspectiva de otras personas, entender su estado mental y gestionar, al mismo tiempo, nuestras emociones, mientras valoramos las suyas.
  • Empatía emocional: Nos permite conectar con otras personas hasta el punto de sentir lo mismo que están sintiendo y experimentar, en nuestro cuerpo, un eco de cualquier alegría o tristeza que estén experimentando.
  • Preocupación empática: Nos lleva a ocuparnos de los demás y ayudarlos, en el caso de que sea necesario. Implica una preocupación activa por su bienestar.

EMPATÍA COGNITIVA

La empatía cognitiva capacita a los líderes para explicarse de manera significativa. Requiere que piensen sobre sus propios sentimientos y los de sus interlocutores. Implica ponerse en los zapatos del otro, examinar las cuestiones desde su perspectiva, tratar de pensar y sentir como lo haría el otro.

EMPATÍA EMOCIONAL

Se origina en partes primitivas de nuestro cerebro que nos permiten sentir rápidamente sin pensar en profundidad. Nos sintonizan despertando en nuestro cuerpo los estados emocionales de los demás: literalmente siento tu dolor. Mis patrones cerebrales reflejan los tuyos cuando te escucho contar una historia cautivadora.

En la siguiente charla TED, El cerebro comunicándose, el neurocientífico Uri Hasson comparte los experimentos de su laboratorio que revelan cómo nuestros cerebros muestran una actividad similar o se alinean, cuando escuchamos la misma idea o historia.

Acceder a esta capacidad de empatía emocional requiere dos tipos de atención: un foco deliberado en tus propios ecos de los sentimientos del otro y una consciencia abierta de la cara, voz y signos exteriores de emoción de la otra persona.

PREOCUPACIÓN EMPÁTICA

Está íntimamente relacionada con la empatía emocional. Aunque la empatía cognitiva o emocional permitan reconocer lo que otra persona piensa y vibrar incluso con lo que siente, no necesariamente desemboca en la simpatía, es decir, en la preocupación por su bienestar. La preocupación empática te permite sentir no sólo cómo se sienten otras personas, sino también saber qué necesitan de ti.

Goleman advierte que aquellas personas en quienes se desarrolla esta preocupación empática pueden llegar a sufrir mucho. En el caso de trabajadores sociales, servicios de ayuda, etc., pueden llegar a padecer la fatiga de compasión; en el caso de directivos, puede generar ansiedad por personas y circunstancias más allá de su control. Se requiere un delicado equilibrio entre gestionar nuestra propia angustia y el embotamiento de nuestros sentimientos hacia el dolor ajeno.

Enfoca tu atención para evitar la erosión de la empatía y compasión

La atención es un componente clave del liderazgo. Y no se trata del foco en los objetivos anuales o en las prioridades de gasto. Los líderes con atención y foco están en contacto con sus propios sentimientos, saben controlar sus impulsos, son conscientes de cómo los ven los demás, comprenden lo que los demás necesitan de ellos, saben sortear las distracciones a la vez que son capaces de dejar vagar su mente libremente, despreocupada.

La atención es como un músculo y puede entrenarse. El mindfulness es una técnica valiosa para fortalecerla. Controla tu atención y controlarás el rumbo de tu organización y de tu vida.

 

Hábitos de los Líderes de Clase Mundial

Los seres humanos somos criaturas de hábitos. El 95% de nuestros comportamientos son automáticos, los ejecutamos sin pensarlos y solamente un 5% son comportamientos que provienen del análisis y la elección consciente.La mayoría de las personas que están luchando por alcanzar niveles más altos en la organización se enfocan en manejar el tiempo y esto es erróneo, debido a que el alto desempeño se obtiene de ejecutar la mayor cantidad de hábitos positivos gastando el mínimo de energía.Un hábito se genera simplemente ejecutando una y otra vez un comportamiento hasta que se haga automático. A esto en Programación Neurolinguística le llamamos competencia inconsciente. Significa que llega un momento en el que ya no necesitas poner atención para arrancar un comportamiento, sino que éste se realiza de forma automática cuando tu cerebro lo ha practicado una y otra vez.

1. No existe un líder de clase mundial que no sea enérgico y vigoroso.

No puedes comunicar efectivamente sin involucrar tu LENGUAJE NO VERBAL. Los movimientos corporales acompañan y le dan mucha fuerza al lenguaje hablado. Practica mover tu cuerpo cuando vas a dar un mensaje. Toma consciencia de tu postura corporal, del movimiento de tus manos, de la forma en la que te paras o te sientas. Todo eso está proyectando si eres un buen líder o no. La falta de confianza personal, la duda o cualquier emoción negativa la perciben tus subordinados y eso le resta fuerza a tu liderazgo.

2. Un Líder de Clase Mundial se educa todo el tiempo.

Los líderes extraordinarios no piensan que ya lo saben todo. Al contrario, se consideran a sí mismos el activo más valioso de su vida y por eso invierten en sí mismos. Saben que se necesita una combinación habilidades suaves (inteligencia emocional, influencia, persuasión, empatía, etc.) y de destrezas técnicas (las habilidades específicas para desempeñar su labor) para tener un alto desempeño en el trabajo. Ellos destinan por lo menos 30 minutos de su día para leer, estudiar o entrenarse en temas necesarios para desempeñar su posición y separan días en su agenda para entrenarse de forma intensiva en cursos y seminarios.

3. Un buen líder pone atención a todas las áreas de su vida.

Los Hábitos de los Líderes de Clase Mundial no se limitan a sus actividades dentro de la oficina. Ellos saben que necesitan un perfecto balance entre su mente, cuerpo, emociones y espiritualidad y necesitan estar satisfechos con sus relaciones personales, sus finanzas y su desarrollo como personas para poder funcionar en el trabajo como un jugador de alto rendimiento.

4. Manejan adecuadamente sus emociones.

Las emociones son contagiosas y transparentes. Si estás enojado, triste, frustrado o apático no lo vas a poder ocultar. Si no te sientes bien es imposible guiar a la gente y conectarte con ella. No hay nada peor para los resultados que un equipo desmotivado, que sentirse a la deriva, sin un líder a quien seguir.

5. Rituales de visualización.

Los Líderes de Clase Mundial son gente altamente espiritual. Esto no tiene que ver con practicar una religión. Más bien se relaciona con la capacidad de encontrar un propósito que los trasciende a ellos mismos. Visualizar lo que será el futuro maravilloso va a crear una visión apasionante y atractiva. No hay mejor alimento para el líder que motivarse para hacer cosas grandiosas junto con un grupo de personas que tienen la misma visión y que lo están siguiendo. Un líder piensa todos los días por qué hace lo que hace, qué lo motiva, qué lo mueve y se llena de entusiasmo por el futuro grandioso que está por venir.

6. Enfoque con pequeños periodos de relajación.

Un líder sabe que las 24 horas del día no son iguales. Hay momentos en donde naturalmente su energía está en el punto máximo. Ellos se conocen y saben qué horas a lo largo del día pueden darles la máxima productividad. Practican la fórmula 90 x 15. Quiere decir que durante 90 minutos se enfocan en trabajar en cosas muy importantes, evitando cualquier tipo de distracción. En esos momentos se desconectan del teléfono, de los correos y de la gente, para meterse de lleno en las cosas importantes y no urgentes de su negocio. Después de este periodo de 90 minutos de inmersión total, toman un descanso de 15 minutos en donde hacen una pausa para relajarse, pensar en otra cosa, compartir con alguien, meditar o incluso tomar una pequeña siesta. Solo así pueden aumentar su productividad enfocándose en lo importante.

7. No eres una máquina, necesitas periodos de desconexión.

Los Líderes de Clase Mundial trabajan intensamente en lograr sus metas. Son gente muy inteligente que sabe que necesitan periodos largos (días o semanas) de desconexión total. Porque solamente desenchufándose de su ambiente laboral es como la CREATIVIDAD aparece. No es conveniente ni sano trabajar como una máquina sin descanso en búsqueda de los resultados. Se necesita de vez en cuando NO HACER NADA. Cuando estás en una posición de liderazgo, SIEMPRE HABRÁ COSAS IMPORTANTES QUÉ HACER, pero hay que desarrollar el músculo de la voluntad para aprender a poner límites y decir  “NO”  para no quemarte.

8. Buenos hábitos de alimentación e hidratación.

Muchos ejecutivos y dueños de negocio tienen malos hábitos de alimentación. Se enfocan tanto en sus resultados que descuidan su cuerpo. Esto definitivamente es un error porque el cuerpo no es sólo el vehículo de la mente, sino que de nuestra capacidad física depende todo nuestro trabajo. Los Hábitos de los Líderes de Clase Mundial son saludables. Organizan su logística de tal manera que puedan hacer sus tres comidas importantes y tomar pequeños snacks entre las comidas. Ponen atención en comer alimentos verdaderos repletos de nutrientes necesarios para elevar su energía de forma natural. Evitan alimentos procesados o llenos de azúcares o grasas que puedan restar su energía o enfermarlos. Porque la ENERGÍA lo es todo para hacer realidad las metas y los sueños.

9. Reconocimientos, halagos, cumplidos a su equipo de trabajo.

Un Líder de Clase Mundial tiene el hábito de reconocer cuando un miembro de su equipo hizo un buen trabajo. Sabe cómo retroalimentar cuando hay cosas que mejorar. También sabe darle todo el crédito de los buenos resultados a su equipo de colaboradores. Eso hace que la gente quiera operar con ellos y que se sientan comprometidos para enfrentar los retos.

10. Planeación estratégica el trabajo.

Los Hábitos de los Líderes en relación a la planeación son muy especiales. Ellos planean sus actividades la tarde o noche anterior y al día siguiente saben cómo empezar su día: con lo más importante en la mente. Ellos no hacen nada hasta no haber terminado la actividad más importante de su día, aquella que corresponde al 80/20 (principio de Paretto), es decir, el  20% de las actividades que les darán el 80% de su resultado.

Formación de Equipos de Alto Desempeño

Recordando aquella célebre frase “nadie es indispensable”, he de suponer que fue instituida en la vieja concepción del Recurso Humano, visto como un engranaje sustituible de la maquinaria de producción, en contraposición a una concepción del individuo como indispensable, para lograr el éxito de una organización.

Cuando se utiliza el término Recurso Humano se está catalogando al individuo como un instrumento, sin tomar en consideración que es el capital principal, poseedor de habilidades y características que le dan vida, movimiento y acción a toda organización, es por ello que prefiero usar el término “Talento Humano”.

Cada factor productivo debe trabajar de manera eficaz en el logro de los objetivos organizacionales y es aquí, donde se llega a realizar el tratamiento del recurso humano como “talento humano”, es a este factor a quien debe considerarse de real importancia para aumentar sus capacidades y elevar sus aptitudes al punto tal, que sea capaz de valerse por sí mismo y entregar lo mejor de sí a su trabajo, sintiéndose conforme con lo que realiza.

Investigaciones realizadas demuestran que la productividad de las personas es mejor cuando se han implementado mecanismos para fomentar el trabajo en equipo”. El reto principal en la construcción de equipos de alto desempeño es encontrar la forma de lograr interdependencia, eficiencia, responsabilidad compartida, apoyo mutuo y confianza entre las tareas y los miembros del equipo.

Los llamados sistemas de Trabajo de Alto Desempeño no son más que una combinación de prácticas de recursos humanos, estructuras de trabajo y procesos que maximizan el conocimiento, las habilidades, el compromiso y la flexibilidad del trabajador.

Dempeño , se requiere gente segura de sí misma, dispuesta a aceptar la responsabilidad por las tareas que realiza y por los resultados que produce, que sabe pedir ayuda sin complejos cuando la necesita y que, además, se involucra en tareas para fortalecer el equipo, aunque no sean de su responsabilidad.

Los beneficios del trabajo en equipo se consiguen, cuando los grupos logran dotarse de las habilidades para operar cooperativamente y dominar procesos internos de trabajo para canalizar productivamente el esfuerzo colectivo. Por lo tanto, un “Equipo de Alto Desempeño ”, es aquel que ha alcanzado los objetivos propuestos de una manera excelente en términos de eficacia y de eficiencia.

Algunas consideraciones a tomar en cuenta para lograr Equipos de Alto Desempeño son: –Diseñar un programa de mejora continua que incluya desarrollo y evaluación de desempeño. –Programar y planificar las actividades que se van a abordar. –Tener claridad de tareas, proyectos y responsabilidades. –Hacer seguimiento a los objetivos alcanzados por el equipo. –Analizar las variables y criterios utilizados para recompensar la eficacia de los resultados de un equipo. –Lograr que un equipo sea capaz de autodirigirse. –Dotar al equipo de la flexibilidad necesaria ante cambios y conflictos.

La motivación es una mezcla de pasión.

La motivación es una mezcla de pasión, propósito, toma de decisiones y compromiso. Es un nivel profundo que genera energía y vida para desempeñarse adecuadamente en la actividad que a uno le apasiona.

Motivación es tener pasión por vivir, es nuestra propia recompensa por nuestro buen desempeño. Con motivación estaremos dispuestos a correr riesgos y tomar decisiones que la mayoría de personas no harían por miedo. También nos da compromiso que es la clave para convertirse en una persona de alto desempeño.

La motivación nos da sentido a la vida. ¿Cuánto esfuerzo estoy dispuesto a hacer? ¿Cuántos obstáculos estoy dispuesto a pasar? ¿Cuál precio estoy dispuesto a pagar?

Motivación es la energía que nos hace seguir y acometer hacia el logro de nuestros sueños, sin excusas, sin quejarse, de manera imparable, haciendo lo correcto y tomando riesgos. Al ser la motivación pura energía, tiene mucho que ver con nuestra bioquímica, con el ejercicio que hacemos y con la manera como nos alimentamos.

¿Cuál es el propósito que nos mueve a seguir adelante? ¿Cuáles riesgos estoy dispuesto a enfrentar? ¿Cuáles son mis necesidades psicológicas internas? ¿En qué clase de persona me quiero convertir? ¿Qué me apasiona en la vida? Estas son algunas de las preguntas que me ayudan a encontrar esa pasión por la vida.

No se puede ser una persona motivada y al mismo tiempo estar confortable, sin correr riesgos, ni tomar decisiones. La persona motivada está comprometida y dispuesta a correr riesgos, pues sabe que puede cambiar su situación actual, que tiene el control de su vida en sus manos, que puede lograr lo que pretenda, sabe que quiere a corto, mediano y largo plazo, se siente contenta y exitosa.

La motivación nos llena y nos da un sentido de logro y control, por lo que la persona motivada ama lo que hace y hace lo que ama. Entonces, lo mejor que podemos hacer por nuestro futuro, por nuestros seres queridos y por nuestra patria, es vivir con pasión y no para la pensión… Revise su nivel de motivación y si el tanque está bajo, haga lo necesario para llenarlo, pues esta es la energía que le da sentido a la vida.

Eficiencia y eficacia, una competencia emocional

Tom Peters, uno de los intelectuales de la gerencia y los negocios más reconocidos a nivel mundial, y autor de “En Busca de la Excelencia”, considerado como uno de los grandes libros de la literatura gerencial de todos los tiempos, escribió: «En el caso de que tenga usted quince años, deje de burlarse de los “tontos” de su clase… porque ¡llegará un día en que tendrá que trabajar para ellos!».

EFICIENCIA Y EFICACIA , UNA COMPETENCIA EMOCIONAL

La práctica totalidad de las investigaciones de los últimos veinte años concluyen, que la excelente evaluación académica de una persona no dice absolutamente nada del modo en que esa persona reaccionará ante las dificultades en su vida, resultando que de una excelente evaluación académica, únicamente se puede colegir que una persona es excelente resolviendo pruebas de evaluación académica. Y no sólo eso, sino que la mayor parte de personas con un cociente intelectual alto, terminan trabajando como subordinados de gente peor dotada intelectualmente, ya que es muy bajo el porcentaje de éxito atribuible al cociente intelectual de la persona exitosa, en cualquiera de los ámbitos en el que la contemplemos: trabajo, pareja, familia… etc.

Sin embargo, en el contexto en el que habitualmente se desenvuelven y desarrollan las personas, básicamente de intercambio y participación, una serie de competencias emocionales, si son significativas e incluso determinantes en el éxito y la eficiencia, ya que enfrentar situaciones, o situarse ante el entorno con eficiencia y obtener resultados exitosos, no depende del exhaustivo conocimiento analítico del mismo, sino de la capacidad operativa de actuar sobre él, y en este sentido las emociones si juegan un papel concluyente de éxito o de fracaso.

Desde mediados de los ochenta, H. Gardner, desarrolla la idea de que el hombre no posee un solo tipo de inteligencia, y en este sentido, gran parte de los autores se han puesto de acuerdo en diferenciar dos tipos de inteligencia emocional: la intrapersonal y la interpersonal. El propio Gardner, define la inteligencia intrapersonal como «la capacidad de establecer contacto con los propios sentimientos, discernir entre ellos y aprovechar este conocimiento para orientar nuestra conducta», y la inteligencia interpersonal como «la capacidad de discernir y responder apropiadamente a los estados de ánimo, temperamentos, motivaciones y deseos de las demás personas», algo que no parece fácil de adquirir únicamente estudiando.

En el mundo de la empresa, estas conclusiones han tenido un fuerte impacto, ya que la forma tradicional de contratación, fundamentada únicamente en la brillantez de un currículum, está cediendo terreno a una concepción más amplia y abierta, que plantea la necesidad de dar un salto cualitativo hacia la incorporación de profesionales abiertos al trabajo en equipo, capaces de tolerar el malestar y la frustración, y abiertos a la búsqueda constante de soluciones a los retos que plantea el mercado. Se plantea la necesidad de un nuevo diseño de las empresas y de la redefinición del pensamiento de negocios, en torno a algunos de sus temas fundamentales: el liderazgo, la formación, las relaciones con el cliente, el modo de crear valor, el papel de la mujer o la capacidad de redefinir constantemente el objeto de trabajo.

De modo que la competencia intelectual no dice prácticamente nada en el pronóstico de la eficiencia personal y profesional, ya que éstas tienen más que ver con las competencias emocionales, que determinan el grado de habilidad en el manejo del resto de facultades y potencialidades, incluido por cierto, el intelecto.

Después de conocer la diferenciación de mentes, que en 1995 señaló D. Goleman: una mente que piensa y otra mente que siente, y tras lo concluyente de todos los estudios posteriores, parece evidente que “la mente que siente” es algo a tener en cuenta a la hora de interpretar el éxito de las trayectorias vitales, o de diseñar procesos de formación de personas. En este sentido L. E. Shapiro en su obra «La inteligencia emocional de los niños» escribe que «en forma paradójica, mientras que cada generación de niños parece volverse más inteligente, sus capacidades emocionales y sociales parecen estar disminuyendo vertiginosamente».

Concluyendo, diremos que una persona cuanto más desarrollada emocionalmente sea, más disfrutará de una situación ventajosa en cualquiera de los ámbitos en los que se enfrente, más tenderá a sentirse satisfecha y será más eficiente por ser capaz de gestionar los hábitos mentales que determinan su éxito.