Cuando hablamos de prácticas sexuales, existen diferentes perspectivas: lo valido y no valido o aquello considerado como “normal” o “anormal”. En ocasiones, estas perspectivas tienden a girar o estar sujetas a la conveniencia o acuerdos de las parejas. Una de las cosas más “anormales” que se practican es el famoso sexo anal. Me gustaría comenzar explicando que si está acordado no es nada anormal, forzado o violado es completamente anormal.

El sexo anal se ha practicado desde las épocas de griegos y romanos, siendo representado en escrituras y pinturas.

Las parejas no suelen tocar este tema debido a que ligan la practica con suciedad y dolor, provocando el rechazo. La mujer no lo aborda porque es como solicitar lo imposible y viceversa, el esposo aun si lo quiera, no lo aborda porque cree que su pareja es tan “dama”, que cree que no debe ser tocada “por ahí”. Pero si escarbas en ello, todas las parejas sienten curiosidad y quieren realizarlo.

El sexo anal, aparte de ser conveniado, debe existir una excelente comunicación de pareja, ya que no solo es llegar e introducirlo sin más, es todo un proceso.

Se recomienda, antes del acto sexual, dilatar y poner algún gel, crema o aceite, de preferencia, con solución acuosa, no aceitosa.  Para que no contamine ni ponga en riesgo la piel del prepucio o el glande de la pareja. Una vez realizada esta parte, comenzamos a dilatar el ano únicamente con los dedos, uno… dos. Y te darás cuenta, como el dedo se va apretando, ya que, el ano, tiene la propiedad de contracción; la cual, a medida que se dilata, disminuye.

Si hablamos de posturas, todas son buenas, sin embargo, se recomienda la de costado, donde la mujer esta tendida sobre una parte de su cuerpo, para que los músculos no hagan demasiada presión, y comenzar la penetración, poco a poco, ir probando con una parte del glande, e ir avanzando, y, si llegara a producir dolor, retirarse y volver a lubricar, y seguir estimulando con los dedos.

Acompañar este proceso de caricias, juegos previos, las palabras, los besos, para que la excitación sea mayor que el proceso del dolor.

En estos casos, se recomienda que sea la mujer quien lleve el control. Ella va empujando hacia atrás sus glúteos, gobernando pues, la penetración. Sabe cuándo detenerse o avanzar, explora y maneja, sus propios ritmos.

Él hombre debe ser muy cuidadoso de esto, pero ¿Qué obtiene de esto? El ajuste del ano, pero a la medida del pene… ese nivel de fricción es mucho más alto que el vaginal. La curvatura que tiene la penetración anal, también llega a poder tocar el punto “G” desde otro ángulo, por ello se genera el orgasmo anal.

No debe ser un acto de violación, o algo que se conceda por complacer al otro, debe de disfrutarse. Por ello les recomiendo, después de hacerlo, conversen. ¿Qué sintió? ¿Qué les pareció? ¿Cómo lo podrían mejorar?

Te invito a que lo disfrutes. Teniendo en cuenta siempre, que la mujer no es un depósito de semen. Es un ser maravilloso, hecho de cristal baccarat.